Qué es la Inteligencia Emocional

que es la inteligencia emocional

ÍNDICE

Definición de Inteligencia Emocional

La inteligencia se entendía, hasta hace relativamente poco tiempo, como una facultad única por la que podíamos formar ideas, relacionarlas, captarlas, así como, la capacidad para comprender, aprender y encontrar soluciones a los problemas. Es decir, la inteligencia era sinónimo de razón, de pensar, memorizar y de dar respuesta a problemas de matemáticas, álgebra, geometría o de dominar lenguas clásicas como el latín, o el griego. Posteriormente, con la aparición de los test de inteligencia, el alumno inteligente era que el que tenía una elevada puntuación en los mismos, es decir, un elevado cociente intelectual (CI) por la relación positiva, que existe entre el CI y rendimiento académico: el niño que más puntuación obtiene en los tests de CI suele conseguir las mejores calificaciones en la escuela. Se suponía, que cuanto más inteligente era una persona mayor era su capacidad para lograr el éxito en la vida. Por el contrario, en nuestro siglo XXI se ha evidenciado, que esta inteligencia académica no tiene por qué ser suficiente para alcanzar el éxito profesional, ni garantizarnos el éxito en nuestra vida cotidiana.


El profesor de la Universidad de Harvard Howard Gardner publica en 1983 un modelo de concepción de la mente totalmente revolucionario, la teoría de las inteligencias múltiples. Establece que todos poseemos un conjunto de capacidades, que se pueden emplear de muchas formas, un conjunto de inteligencias separadas, que pueden interrelacionar entre sí. Estas inteligencias no solamente dependen del factor genético o biológico, también están estrechamente correlacionadas con dos factores: el personal y el cultural o social.


Lo tremendamente interesante de este modelo es el concepto de inteligencia como potencial capaz de activarse en función de los valores sociales, de la suerte u oportunidades y de las decisiones personales y/o familiares de cada individuo y no sólo dependiente de un factor genético biológico inamovible desde el nacimiento.


Así, uno de los 12 tipos diferentes de inteligencia, que Howard Gardner han identificado, lo constituye la inteligencia emocional relacionada a su vez, con la inteligencia intrapersonal o capacidad del autoconocimiento y la interpersonal o capacidad y habilidad para relacionarse y llevarse bien con los otros, a su vez, muy estrechamente relacionada, también, con la inteligencia colaborativa o de cooperación, que permite lograr y alcanzar metas trabajando en equipo.


Por otra parte, el psicólogo, escritor y periodista norteamericano Daniel Goleman publica en 1995 el libro Inteligencia Emocional, un best-seller a nivel mundial, traducido a más de 30 idiomas y que ha popularizado y difundido todo lo relativo a este término.


Hasta ahora hemos analizado brevemente el componente inteligencia y podemos destacar, siguiendo a Gardner, que las inteligencias son dinámicas, no depende exclusivamente de la genética, es decir, de nuestras cualidades al nacer, y están estrechamente relacionadas con factores personales, de oportunidades o suerte que se pueda tener en la vida y de factores socioculturales. En este momento es necesario entrar a estudiar el segundo componente del tema que nos ocupa, lo emocional para finalizar con una definición que englobe a ambos.

Como como hemos comentado en anteriores artículos de una manera muy simple y didáctica la emoción sería un conjunto de acciones y conductas concretas, que son muy útiles para la supervivencia y para la reproducción de una especie. Así, cuando un mamífero se encuentra ante la amenaza de un depredador tendrá miedo y el paquete de acciones, que comporta el miedo incluyen: la alerta y quietud, la huida y en última instancia la lucha defensiva. En el caso de encontrarnos con un alimento, que pudiese estar en mal estado, por ejemplo, la emoción resultante será el asco y el paquete de acciones, que conlleva esta emoción será: la náusea y el vómito, para evitar la intoxicación y la muerte por ese alimento. Son comportamientos y conductas rígidos paquetes cerrados, de forma que cuando aparece una emoción no aparece otra, porque aquellos animales que equivocaban, por ejemplo, la emoción miedo por la del asco, no sobrevivían, y, en consecuencia, no podían transmitir que ese era el comportamiento acertado. En estos dos casos el estímulo emocionalmente competente, que desencadena la emoción son por una parte el ataque de un depredador, por ejemplo, un león, y, por otra parte, un plato de alimento que nos huele. Ambos estímulos tienen, también, una relación directa en el tiempo presente al desarrollarse en el aquí y ahora.


Estas emociones son las denominadas emociones primarias y dan respuesta a estímulos, que se desarrollan en nuestro ambiente físico o de la propia naturaleza en sí misma, como el ataque de un depredador, un alimento en mal estado, una confrontación con miembros de otras tribus, hambre, sed…


Pero el Ser Humano además de un organismo biológico es también un animal social, dependemos inexcusablemente de los otros para poder sobrevivir. En este ambiente social la evolución nos ha dotado de unas emociones, que dan respuesta a estímulos desarrollados en nuestro ambiente grupal, y que se denominan emociones secundarias o sociales. En este grupo el factor aprendizaje adquiere una enorme relevancia.

Veamos un ejemplo:

Un niño acaba de finalizar un examen y comienza a dudar de sus contestaciones, y una cadena de pensamientos rápidos se sucede, por ejemplo: y… Si me suspenden… Seré un fracasado… No podré comprarme ni siquiera un coche cuando sea mayor… actúan como un estímulo emocionalmente competente, activando una emoción: ansiedad, miedo a un suceso futuro, que aún no ha ocurrido. La ansiedad acapara completamente su mente y lo bloquea, le resulta imposible pensar. Aún le quedan unas dos semanas para saber las notas, pero ahora piensa más y más en el fracaso, en sus errores. ¿Quién le ha enseñado al niño que si se suspende será un fracasado, que no podrá comprarse un coche? De una manera bien intencionada, su entorno, y, no tienen por qué ser sus padres, puede ser un familiar cercano, un hermano mayor… Su mente tiene ahora un conflicto entre el corazón, su emoción de ansiedad, y su razón, su forma de pensar, de buscar soluciones, en este caso a una dificultad muy diferente del ambiente físico, biológico o de la naturaleza, a un posible suspenso de un examen cuyos resultados tardarán todavía unos días o incluso semanas, pero gracias a su imaginación, unos pensamientos montan una película de futuro, que le impide concentrarse, que literalmente lo bloquean y en consecuencia, alcanzar acciones adaptativas.

Ahora veamos otro ejemplo:

Ese mismo niño se encuentra ahora en otro ambiente en el que le enseñan: “los suspensos están para los estudiantes, los que no son estudiantes no pueden suspender, no es ninguna situación extraña, ni nos sucede absolutamente nada peligroso si te suspenden. Para superar esta circunstancia, solamente es necesario estudiar más, por ello, analiza si has estudiado todo lo suficiente y actúa en consecuencia…” En este segundo caso no se le ha provocado ningún estímulo que desencadene una ansiedad del tipo tóxico, aquella cuyas acciones no nos adaptan, como la anterior que ha provocado un bloqueo y la parálisis mental, en este segundo supuesto no se le ha provocado ese bloqueo emocional, que le ha impedido la concentración por el miedo al fracaso, y si tiene que preparar otros exámenes mientras conoce la nota de la prueba que acaba de realizar, no tendrá ninguna influencia negativa en su rendimiento intelectual, totalmente al contrario que en el caso anterior. Esta niña/o, en consecuencia, es emocionalmente más inteligente que el anterior, porque ante una dificultad, el suspenso, sabe cómo actuar de una forma adaptativa: estudiando más, a diferencia por completo del caso anterior.


Podríamos ahora a modo de resumen entender la inteligencia emocional como aquella capacidad, que nos permite regular nuestras emociones, fundamentalmente sociales o secundarias, para:

  • Aprender a conocer nuestra forma de sentir para lograr un equilibrio estable entre la razón y el corazón, entre pensamiento y emoción, para que ambos se potencien y no entren en conflicto en la toma de decisiones, en la búsqueda de soluciones acertadas a las múltiples dificultades de un entorno social muy dinámico y complejo, y en definitiva, lograr una adecuada calidad de vida.
  • Entender las emociones de los demás, así como las nuestras para acercarnos a los otros y compartir lo mejor de cada uno en objetivos comunes de un grupo, de un equipo.
  • Adaptarnos con respuestas emocionales acertadas a las diferentes dificultades de nuestro ambiente social.

Cómo desarrollar la Inteligencia Emocional

como desarrollar la inteligencia emocional

Para desenvolverse con éxito en una sociedad tan dinámica y compleja como la nuestra, es crucial desarrollar una inteligencia emocional que nos permita básicamente:

  • Primero, conocer nuestros propios sentimientos.
  • Segundo, saber cómo sienten los demás.
  • Tercero, como relacionarnos afectivamente con ellos y cooperar en proyectos de interés común.

¿Cómo podemos desarrollar nuestra inteligencia emocional? En nuestros cursos de Mindfulness y Trabajo partimos de una cualidad de nuestra mente llamada neuroplasticidad, se trata de la capacidad de aprender, y la capacidad reversible de desaprender y de reaprender, que sin límite de edad tenemos los seres humanos. Alvin Toffler, uno de los intelectuales más influyentes en nuestro tiempo, como nos muestra la siguiente imagen, nos enseña la importancia de aprender, desaprender, y reaprender.

frase de alvin toffler

La Inteligencia Emocional en la educación

Como señala Eduardo Punset en el programa monográfico de educar las emociones, enseñar a los niños pequeños inteligencia emocional, para que conozcan sus propias emociones, para que aprendan a sentir, dominar y transformar por ejemplo al miedo en un amigo y no en lo contrario, transformar la energía de la ira y el cabreo en fuente de creatividad. Cómo conocer a los demás y relacionarse con ellos, será una de las grandes claves para su calidad de vida futura, porque la calidad de vida, lo queramos o no, estará estrecha y directamente relacionada con nuestra forma de experimentarla emocionalmente, con nuestro modo de sentirla. Considero fundamental en la materia de educación se siga este maravilloso criterio e incluso, como señala Punset, anteponer la educación de la inteligencia emocional, a la enseñanza en clave académica.

Educar con la Inteligencia Emocional

Educar con inteligencia emocional significa en primer lugar, reeducar a los mayores, y en particular a las madres, padres, maestros y profesores, a todos aquellos que están directamente relacionados con la formación de los pequeños. Para ello, es fundamental enseñarles los conceptos de emoción, de sentimiento, los tipos de emociones, cómo se desarrollan, cuáles son sus misiones y objetivos; también, es muy importante enseñarles a darse cuenta de sus propias emociones, a sentirlas, a ser conscientes. El mindfulness como habilidad psicológica, y por ello, susceptible de ser aprendida, practicada y enseñada puede aportar un enorme valor al practicar dos pasos importantes base de nuestra enseñanza en los cursos que compartimos: primero aprender a darnos cuenta, a ser conscientes de la emoción y del sentimiento y segundo aprender técnicas concretas para manejarlas, para parar las emociones tóxicas. En resumen: primero darnos cuenta y segundo parar, templar, en definitiva manejar. Así, vamos creciendo en inteligencia emocional, nos vamos conociendo mejor, modulados y las reacciones inconscientes y comenzamos a comunicarnos mucho mejor con los demás. Desde ahí entiendo que es desde donde se debe de educar con inteligencia emocional, educar desde el ejemplo, que el pequeño aprenda a través de los mayores experimentar la vida desde este canal óptimo emocional: la alegría, la satisfacción de compartir lo mejor de cada uno de nosotros, el bienestar… En definitiva, aprender a ser felices desde el interior de nosotros mismos y no dependientes de los demás, de tener tal o cual cosa, de Ser antes de Tener.

Inteligencia Emocional en niños

Al educar con inteligencia emocional a los niños tal como hemos señalado en el apartado anterior, nos estamos haciendo más inteligente emocionalmente, capaces poco a poco de ir modulando reacciones instintivas, y reitero que desde el ejemplo de los mayores; aprendiendo a compartir, a colaborar, a cooperar con los demás en objetivos comunes. El mindfulness se constituye, así, como una herramienta novedosa e innovadora que ya está empezando a dar sus frutos en los colegios donde comienzan a impartirlo. Personalmente he tenido la suerte de compartir y enseñar el aprendizaje del mindfulness a maestros y profesores, que posteriormente han informado de los resultados en los pequeños, pero en donde he recibido una mayor información ha sido a través de los padres, que tras la enseñanza comienzan a practicarlo una y otra vez, no desde la obligación, sino desde el disfrute de sentir como gracias a la práctica de esta habilidad psicológica, crecemos un poco cada día en ser mejores personas, mejores seres humanos.


Por otra parte, la práctica del deporte en general y la de equipo el particular se considera muy poco en su relación con la educación de la inteligencia emocional en los niños. Desde mi perspectiva, el deporte es esencial, diría que casi imprescindible en la educación de la inteligencia emocional en la etapa escolar. Nuestro cuerpo a lo largo de miles de millones de años no se ha desarrollado para estar sin hacer absolutamente ningún gasto energético para comer, para alimentarse. Hoy en día podemos estar semanas y meses con un hábito totalmente sedentario, y el equilibrio entre cuerpo y mente, se ve alterado por completo y en consecuencia la madurez necesaria de nuestras emociones y sentimientos.

La práctica de la Inteligencia Emocional

La práctica de la inteligencia emocional es un camino que no acaba nunca. Esta es una idea muy importante para tener en cuenta. Tenemos que estar dispuestos a desaprender, aprender, y reaprender a lo largo de toda nuestra vida.


En un mundo tan dinámico como el que nos ha tocado a la mayoría de nosotros vivir, la práctica de la inteligencia emocional debe realizarse con unos ejercicios, que no duren demasiado tiempo y realizarse casi a diario. Por todo ello, es necesario integrar en nuestra vida la práctica de la inteligencia emocional en el caso que nos ocupa a través de los múltiples ejercicios de mindfulness. Personalmente recomiendo prácticas cortas, la mayoría no superior a los 5 minutos, con repeticiones lo más frecuente que sean posible durante todo el día, y los fines de semana en el que las obligaciones laborales disminuyen se pueden incluso incrementar a periodos más largos. Al final debe de ser cada persona la que establezca según sus necesidades y disponibilidades, la duración concreta de cada una de ellas.


Desde mi punto de vista, la práctica de la inteligencia emocional comporta, también, ineludiblemente el ejercicio físico, reitero, la capital importancia, que supone para modular, crecer y madurar en este aspecto.

La inteligencia Emocional en el trabajo

En todo nuestro periplo evolutivo hasta que llegamos al estadio del Homo Sapiens, la colaboración entre los miembros de una tribu, familia, grupo… ha sido imprescindible para sobrevivir y procrear. Somos animales sociales y por ello, nuestra gran fortaleza se encuentra en la cooperación, en el trabajo de equipo.

Todo lo que el Ser Humano ha logrado hasta ahora es fruto de nuestra habilidad para entendernos racionalmente y sobre todo, para unirnos con esa mezcla indeleble de la emoción compartida, de vibrar con los otros en sentimientos, y, exaltarnos ante logros de objetivos comunes.

A lo largo de mi carrera profesional he escuchado con relativa frecuencia que “uno no viene a trabajar para hacer amigos”. Considero que es un grave error. Un gran equipo de trabajo se cimienta desde la amistad, desde la confianza entre todos los que lo componen, de la reciprocidad, desde la ausencia de miedo al comunicarse, desde el liderazgo aceptado y no impuesto. Para lograr ese gran equipo, la inteligencia emocional entre los componentes les permite comunicarse sin miedos, sin necesidad de compararse y de generar envidias, anteponiendo el bien del grupo al de uno mismo, en la alegría compartida de la seguridad y la igualdad entre todos.

Los cursos de Mindfulness y Trabajo que impartimos en las empresas potencian enormemente la inteligencia emocional en los equipos de trabajo. Así, el Instituto Nacional de Salud y Seguridad en el Trabajo publicó el 26 de abril 2019 , con motivo del Día Mundial de la Salud y Seguridad en el Trabajo, la Enciclopedia Práctica de Medicina del Trabajo, en el apartado 2.5.3 en el que se tratan los costes laborales de los comportamientos automáticos citan los beneficios de la práctica del Mindfulness en el ámbito laboral y destacan el trabajo que realizamos, conjuntamente con el Especialista en Medicina del Trabajo Valenciano, Dr. Ignacio Gómez Pérez citando textualmente, que nuestro estudio:

…” realizado sobre 354 trabajadores, “MINDFULNESS y TRABAJO. Una experiencia de promoción de la salud”, premiado en el Concurso Científico 2014 de Premios de la Fundación Real Academia de Medicina de Sevilla, puso de manifiesto entre otras conclusiones que el 85-95% de los trabajadores formados, admiten una mejora notable o sobresaliente, respectivamente, de su flexibilidad mental y su capacidad de adaptación a los cambios, y que el 100% de los empleados que practican alguna técnica de Mindfulness valora positivamente la aportación del curso al desempeño de su trabajo. Curiosamente la percepción de utilidad del Mindfulness aumentaba de forma directamente proporcional al grado de responsabilidad de la categoría profesional (jefes, titulados y oficiales)”…

En este trabajo también fue muy concluyente que el 75-90% de los empleados consideran de manera notable o sobresaliente el efecto de nuestra formación Mindfulness y Trabajo en la mejora y rendimiento del equipo de trabajo, incluso para aquellos que no realizaban prácticas de mindfulness como puede observarse en el siguiente cuadro:

efecto de los cursos de mindfulness y trabajo

Test de Inteligencia Emocional

En la actualidad no existe un único test que pueda medir la inteligencia emocional de una manera similar al estudio del cociente intelectual. No obstante, existen varios cuestionarios sobre IE que evalúan diferentes componentes de ella. Podíamos destacar la Trait-Meta Mood Scale (TMMS), uno de los más utilizados en el ámbito científico y aplicado. Proporciona una estimación personal sobre los aspectos de nuestra experiencia emocional. Otros incluyen la escala de IE de Schutte o el inventario EQ-i de Bar-On. Si deseas profundizar en este apartado te recomiendo el excelente artículo de Extremera Pacheco, N. y Fernández Berrocal, P(1).

10 frases de Inteligencia Emocional

“La persona capaz de la grandeza de alma abrirá de par en par las ventanas de su mente, dejando que penetren libremente en ella los vientos de todas las partes del universo… Experimentará una profunda alegría al emanciparse de los miedos que agobian al esclavo de las circunstancias, y seguirá siendo feliz en el fondo a pesar de todas las vicisitudes de su vida exterior”. Sir. Bertrand Russel (4)

“Debemos darnos cuenta de que las emociones vienen en todo tipo de sabores: hay emociones buenas y emociones malas. Y, de hecho, podríamos decir que el objetivo de una buena educación para los niños, los adolescentes, e incluso para nosotros mismos, es organizar nuestras emociones de tal modo que podamos cultivar las mejores emociones y eliminar las peores, porque como seres humanos tenemos ambos tipos. Tenemos una capacidad positiva fantástica, pero también somos capaces de hacer cosas terribles. Somos capaces de torturar a otra gente, de matarla. Todo esto es inherente al ser humano, no es que algunos de nosotros seamos buenas personas y otros malas personas. Tenemos ambas cosas. Así que el propósito de una buena educación y el papel de una sociedad próspera es permitir que se cultive lo mejor y se reprima lo peor de la naturaleza humana.» Antonio Damasio (5)

“ La felicidad es amor, nada más. El que es capaz de amar, es feliz. Todo emoción de nuestra alma en la que ésta se siente a sí misma y se siente su propio vivir, es amor. Feliz es, por tanto, el que tiene capacidad de amar muchos. Pero amar no equivale a apetecer o desear. El amor es apetito que ha alcanzado la sabiduría; el amor no quiere poseer nada, sólo quiere amar.” Hermann Hesse (6)

“Aquello que llamamos naturaleza humana es la suma de nuestras emociones y la preparación al aprendizaje en la cual incluyen esas emociones.” Edward O. Wilson (7)

“Y es que la felicidad se aprende y, como todos los aprendizajes, empieza por la imitación de modelos: ¿qué me enseñan papá y mamá sobre la belleza de la vida?, ¿Qué me enseñan sobre la manera de afrontar la adversidad?” Christophe André (8)

“Entre todas las características de la condición humana normal, la envidia es la más lamentable; la persona envidiosa no solo desea hacer daño, y lo hace siempre que puede con impunidad; además, la envidia la hace desgraciada. En lugar de obtener placer de lo que tiene, sufre por lo que tienen los demás.” Sir. Bertrand Russel (4)

“Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional… porque no alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia. Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética.” Howard Gardner (9)

“La inteligencia social y emocional aplicada a las escuelas incluyen habilidades para aprender a dominar las emociones, en concreto la capacidad de controlar las emociones negativas para que, cuando ocurre una adversidad, éstas no persistan más de lo necesario. Las personas, y los niños, concretamente, pueden aprender a disipar estas emociones negativas para volver al estado inicial.” Richard Davidson (10)

“Nuestro bagaje emocional tiene un extraordinario valor de supervivencia y esta importancia se ve confirmada por el hecho de que las emociones han terminado integrándose en el sistema nervioso en forma de tendencias innatas y automáticas de nuestro corazón.” Daniel Goleman (11)

“No somos hombres de buena voluntad si nos contentamos con lamentar lo perdido y recordar lo que ya no tiene remedio. Somos hombres de buena voluntad cuando despertamos lo mejor y lo más vivo de nosotros mismos y seguimos la voz de esta consciencia nuestra.” Hermann Hesse (6)

 

Libros de Inteligencia Emocional

En este apartado te señalo algunos libros, que pueden ser de interés para aquellos lectores interesados en profundizar en el campo de la inteligencia emocional.


ELIAS, M.; TOBIAS, S., y FRIEDLANDER, B. (1999): Educar con inteligencia emocional. Barcelona, Plaza y Janés.


FERNÁNDEZ-BERROCAL, P., y RAMOS, N. (2002). Corazones Inteligentes. Barcelona, Kairós.


GARDNER, H. (2001): La inteligencia reformulada. Barcelona, Paidós.


GOLEMAN, D. (1996): Inteligencia emocional. Barcelona, Kairós.


GOTTMAN, J., y DECLAIRE, J. (1997): Los mejores padres. Madrid, Javier Vergara.


SHAPIRO, L. E. (1997): La inteligencia emocional en niños. Madrid, Javier Vergara.


STERNBERG, R. (1997): La inteligencia exitosa. Barcelona, Paidós.


VALLÉS, A., y VALLÉS, C. (2000): Inteligencia emocional: Aplicaciones educativas. Madrid, Editorial EOS.

Referencias sobre Inteligencia Emocional


Extremera Pacheco, N. y Fernández Berrocal, P.: La inteligencia emocional: métodos de evaluación en el aula. Revista Iberoamericana de Educación. Vol. 34 Núm. 1 2004 (Número Especial) ISSN: 1681-5653

Fernández-Berrocal, P., & Extremera Pacheco, N. (2002). La inteligencia emocional como una habilidad esencial en la escuela. Revista Iberoamericana De Educación, 29(1), 1-6. https://doi.org/https://doi.org/10.35362/rie2912869

Ayan Steve.: Ejercicio corporal para la mente. Rev. Mente y Cerebro. Núm. 47 2011 22-31 https://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/neurobiologa-de-la-lectura-523/ejercicio-corporal-para-la-mente-8732

Russel Bertrand.: “La conquista de la Felicidad” Ed.: De bolsillo Random House Mondadori, 2003 Barcelona.

Punset Eduard, Damasio Antonio: El cerebro, teatro de las emociones (23/4/08) entrevista a Antonio Damasio un referente mundial en neurociencias. Artículo en IntraMed: http://www.intramed.net/45095

Hesse Herman.: “Pequeñas alegrías” Alianza Editorial. El Libro de Bolsillo. 1ª Ed.1998 Madrid

Wilson O. Edward.: “El sentido de la existencia humana” Ed. Gedisa. 2016 Barcelona.

André Christophe.: “El arte de la felicidad” ed. Paidós. 2007 Barcelona.

Gardner Howard.: Entrevista de Lluís Amiguet en Diario “La Vanguardia” 11/04/2016 https://www.lavanguardia.com/lacontra/20160411/401021583313/una-mala-persona-no-llega-nunca-a-ser-buen-profesional.html

Punset, E y Richard Davidson.: “Aprender a gestionar las emociones.” Programa Redes TVE.
http://www.rtve.es/television/20121025/aprender-gestionar-emociones/571611.shtml


Goleman Daniel.: “Inteligencia Emocional” Ed. Kairós 2010 Barcelona.

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