Lo que traiga la marea

lo que traiga la marea

En Chipiona, un pueblo de la costa atlántica gaditana, existen los llamados corrales de pesca, unos ancestrales cercados de piedras construidos artesanalmente por el hombre a modo de red fija, que funcionan con la marea; constituyen un auténtico legado histórico y herencia de una cultura pescadora muy antigua, unos pocos lamentablemente se han perdido, pero los muchos que aún quedan están admirablemente conservados y en pleno uso. El pescado entra en el corral cuando sube la marea, y aquel que no sale cuando baja, queda atrapado en su interior. Entonces cuando se acerca la bajamar el mariscador entra a pescar “lo que traiga la marea”, que en su sentido más amplio sería la esperanza de encontrar el alimento, la energía necesaria para la vida.

Nunca sabemos lo que nos trae la marea, no hay nada marcado, no hay nada establecido, siempre cabe la sorpresa, como a nosotros, que en estos tiempos la marea de la vida nos ha traído una epidemia y nos ha confinado como en un corral de pesca. De la libertad infinita del mar hemos pasado a sentimos atrapados entre cuatro paredes.

Esta nueva experiencia, posiblemente única en nuestra vida, nos puede enseñar a abrir la mente y aprender: 

Para nosotros la marea es ahora la esperanza, la confianza que nos da saber que hemos aprendido a sobreponernos, adaptarnos al dolor de la enfermedad y de la muerte. A partir de ahora, reflexionemos y rompamos por completo con la rutina que hemos tenido tantos días; abramos nuestra mente con la curiosidad del niño, para sentir la experiencia nueva de vivir con una emoción libre de miedos imaginados, lo que traiga la marea.

En este sentido, al final de la maravillosa película “Náufrago” el protagonista, Tom Hanks, tiene un diálogo en el que expresa de manera admirable la reflexión de este artículo:

“… porque nunca podría salir de aquella isla, moriría allí totalmente solo. Me pondría enfermo, me haría daño con cualquier cosa…”

”…Fue entonces cuando una sensación me envolvió como una cálida manta. De algún modo entendí que tenía que sobrevivir, como fuera, tenía que seguir respirando, aun sin motivo para la esperanza, la lógica me decía que no volvería a ver este lugar de nuevo. Y eso es lo que hice, sobreviví, seguí respirando, y un día esa lógica resulto estar equivocada, porque la marea trajo una vela con que navegar, y aquí estoy, de vuelta…”

“… Y ahora sé lo que debo hacer, seguir respirando, porque mañana volverá a amanecer, y quién sabe, qué traerá la marea.”

En Sevilla a veces, si estamos atentos, notamos como el viento suave de poniente, que sube Guadalquivir arriba, acaricia con su frescor el atardecer de los calurosos días de verano y con un maravilloso olor a mar y a piedra mojada, que viene de esos corrales de Chipiona, nos refresca con cada inspiración, también, por dentro. Así como el agua del río nos trae la marea, esta experiencia que ahora estamos viviendo nos trae unas enormes ganas de vivir, porque ahora hemos aprendido a valorar mucho más la salud, la libertad y la vida… y porque mañana volverá a amanecer, y quien sabe, lo que traiga la marea.

Para mi amigo Andrés Sampalo, conservador y mariscador del corral “Cabito” de Chipiona.

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