I Shin den Shin: De Mi corazón a Tu corazón

i shin den shin: de mi corazon a tu corazon

Hace ya algún tiempo al leer libros sobre Zen, me encontré con una frase que desde el principio fue maravillosa para mí: “I shin den shin”, que literalmente sería: “de corazón a corazón” y expresa la transmisión de la enseñanza del budismo Zen de maestro a discípulo sin basarse en escrituras o palabras. De una alma a otra alma.

Al comunicamos, muy frecuentemente las palabras tienen poco valor, por eso decimos tantas veces que: “las palabras se las lleva el viento”. Los conocimientos se pueden transmitir a través de los escritos, que han sido fundamentales para nuestra evolución cultural.

En cambio, cuando compartimos la experiencia no es suficiente la palabra, ni la letra, o los grandes pensamientos e ideas: la razón. Los seres humanos necesitamos, también, la emoción: el corazón, que se acerca con la sonrisa rebosante de comprensión; con esa mirada brillante llena de calor; con esa mano que nos coge y nos da seguridad o nos acaricia la frente y la cara con ternura; con ese abrazo hondo en el que nuestros corazones, además, sienten sus latidos. Dialogamos en un silencio maravilloso, pleno de sentido e imborrable para el tiempo, porque ya no se olvida jamás.

Y como en una epidemia se transmiten enfermedades, a través del “I shin den shin”, de mi corazón a tu corazón, también nos transmitimos solidaridad y entrega. Compartimos una de nuestras mejores emociones la compasión: acercarnos al ser que sufre, con el deseo de hacer el bien al otro, y de contagiar lo mejor, que es mucho, de cada uno de nuestros corazones.

Y así cada día de esta epidemia estamos comprobando cómo todo nuestro personal sanitario sin excepción de categorías alcanzan, como escribió Paracelso: “El grado supremo de la medicina es el amor… Hablar y decir buenas palabras es oficio de la boca. Ayudar y ser útil es oficio del corazón… En ningún sitio es el amor más grande que en el corazón de un médico”…, enfermera, auxiliar, celador, del conductor que traslada a un enfermo, de todas las personas que con tanto esmero realizan la limpieza cada día y también, de la mano del familiar cercano, del llanto compartido por la pérdida del ser querido. De la luz inagotable de la bondad, que abarca todo lo mejor que los seres humanos somos capaces de compartir con los demás, en unos momentos como los que estamos viviendo actualmente, porque al pasar ese fuego incombustible de uno a otro, en cierta manera todos nos hacemos MÉDICOS en el amor.

Para todos los sanitarios.

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