Cómo sobrellevar al encierro por el coronavirus: Aceptar la realidad como es

Cómo sobrellevar al encierro por el coronavirus: Aceptar la realidad como es

Este artículo, de plena actualidad en el momento que se escribe, trata sobre como sobrellevar al encierro por el coronavirus, en él lo vemos desde la perspectiva de aceptar la realidad como es. A pesar del título, es válido para situaciones similares en las que nos sentimos que no tenemos el control de nuestras vidas.

Todos hemos experimentado en alguna ocasión la sensación de encontrarnos atrapados, con una visión oscura como la de un túnel en la que sólo se ve al mirar atrás, a lo lejos, el puntito de luz de la entrada, a la que ya no podemos regresar. Nuestra mente comienza entonces a buscar una salida, que no encuentra por más que piense. Comienza a invadirnos una sensación emocionalmente desagradable y que se acrecienta más y más a medida que buscamos una solución que no llega. Inseguridad, esa es la palabra que se acompaña a la falta de control mental e invariablemente aparece el dolor emocional, ese pellizco interno por el pecho, desagradable que aumenta conforme más pienso, esas sensaciones extrañas en la cabeza, los hormigueos por el cuello o por los brazos y las manos, los dolores en las articulaciones y para rematar el sueño. Lo curioso es que estamos tan cansados, que no nos cuesta trabajo iniciarlo pero a las pocas horas, vuelta a empezar, ese dichoso túnel, y esa repetición de ideas, de lucha sin fin y esa oscuridad ahora más acrecentada por la falta de luz de la habitación… Llegó la mañana, sin recordar cuando nos quedamos dormidos de nuevo, como no tenemos la sensación del descanso habitual, la mente está lenta, cansada de luchar con ella misma, y el alma está pesada, como si nos hubiesen puesto una armadura que no nos deja movernos, no tenemos ganas de sonreír ni de levantarnos porque ya sabemos lo que nos espera hoy: más de lo mismo, el dichoso encierro y el dolor emocional, que a veces, ya se ha transformado en algo peor, la angustia, es el dolor más hondo, como una lanza que te atraviesa el pecho, el sinsentido de todo lo que está pasando.

Una cosa es haber escuchado en la clase de historia del colegio aquello de la peste, que además le ponían el apellido de negra, o peor aún bubónica y que mataba sin remedio hace cientos de años, y otra cosa es vivirlo ahora. Cómo nos ha podido tocar a nosotros esto; a nosotros que pensábamos que dominamos el cielo y el mar, que ya no nos quedan lugares en la tierra por descubrir y por doblegar, creíamos que nuestra ciencia y nuestra técnica lo pueden todo. No puede ser. No lo comprendemos, es inadmisible. No se acepta.

Aceptar la realidad como es. Primera clave para sobrevivir al encierro por el coronavirus.

La realidad, cómo definirla, qué es verdaderamente, y lo más difícil cómo aceptarla. Uno de los hallazgos más sorprendentes en la neurociencia de los últimos años ha sido el descubrimiento de la realidad como construcción de cada cerebro individual. La información del exterior nos llega a través de los diferentes sentidos, en un principio como mensajes estrictamente fisicoquímicos a los que hay que procesar para darles un sentido, para transformarlos en algo más que moléculas u ondas. Sería algo así como un alimento crudo al que hay que cocinar. De esta forma la información inicial, pura, cruda siguiendo el símil anterior, pasa por diferentes redes de neuronas, por diferentes procesos de elaboración, entre los cuales en nuestro caso, los seres humanos, el proceso emocional es crucial. Las emociones, serían el aceite, el vinagre, la sal, las múltiples y diferentes especias, salsas, en definitiva lo que aporta realmente sabor a la existencia.

Existe en el centro cerebral una zona que se denomina amígdala, que determinará inicialmente una información crucial para la vida, si la información que acaba de llegar supone un peligro o no. Así de simple y sencillo. Si es lo primero huiremos, nos alejaremos y si por el contrario, es lo segundo permanecemos, al menos, donde estamos o incluso nos acercaremos. He aquí un procesamiento muy simple de esa información exterior, primero establecemos su cualidad, su valencia de forma que podría ser: negativa-neutra-positiva y su correspondencia con tres comportamientos claramente definidos, muy simples, rápidos, y tremendamente eficaces: huir, quedarse quieto o acercarse.

Cuando nos encontramos en la naturaleza el procesamiento de la información que nos llega del exterior, en general, no suele ser difícil. Si vamos caminando por la sabana y nos encontramos una huella fresca de león, el mensaje de la amígdala es sencillo: peligro – huida. Si llevo tres días sin probar bocado, sentiré hambre y aunque esa información es interior, procedente del cuerpo, tampoco presenta muchos problemas. La realidad en estos casos es la que es: una información exacta con un procesamiento de esta, que nos da seguridad porque es muy tangible, la huella es palpable al igual que es totalmente cierto que no hemos comido nada en muchas horas. Hay una correlación muy directa entre el espacio y el tiempo, el estímulo está en el presente, aquí y ahora.

Pero además, nosotros los seres humanos tenemos una cualidad maravillosa, la imaginación. Es increíble pero nosotros somos capaces de generar estímulos en nuestro propio cerebro al pensar situaciones pasadas o futuras fruto de nuestra experiencia anterior, que nos emociona. En este caso, la realidad ya no procede de unos estímulos fisicoquímicos del exterior, ahora esa es una realidad que estoy generando yo.

Lo real es ahora completamente imaginario y virtual, un procesamiento mental que comienza y termina en nuestro propio cerebro, sin relación alguna con el exterior .

En un principio, esta es una cualidad importantísima para sobrevivir porque soy capaz de adelantarme a los peligros, soy capaz de prever situaciones y de prevenir acciones correctoras antes de que ocurran los hechos. Todo ello es tremendamente adaptativo y en el mundo natural adquiere una enorme importancia, y en general , nos supone muchos más beneficios que inconvenientes.

Por otra parte, otra cualidad, también muy importante de nosotros los humanos es que somos animales sociales, necesitamos a los demás imprescindiblemente para vivir, y nos pasa desde muy pequeños dependemos de nuestros padres, y en especial en nuestra madre sobre todo durante los primeros años de nuestra vida. Cuando la sociedad es muy simple como la que hemos tenido durante cerca de 190.000 años, en toda nuestra etapa de cazadores recolectores hasta que comenzamos la domesticación de los animales y la agricultura, la realidad “social” tampoco presentaba grandes problemas, estaban los amigos, los de nuestra tribu o clan, y los otros, los enemigos. ¡Qué el enorme cambio! En comparación con la locura de nuestro mundo actual. Ahora sí que es difícil interpretar esa realidad “social” de los otros, como somos capaces de identificarnos con el dolor ajeno, gracias a la comunicación actual, sin límites de frontera asociamos por completo una información global de los problemas de una tribu, de una sociedad alejada miles de kilómetros con la nuestra propia y los siento muchísimo más cercanos de lo que realmente son. Ahora esta nueva dimensión aumentada de la información social que nos llega, en muchas ocasiones se nos puede volver en contra, porque perdemos mucha perspectiva.

Para realizar esa interpretación de la realidad dependemos de unos esquemas mentales o pautas que desde pequeños nos ha enseñado nuestro entorno. Así por ejemplo, si los seres humanos cercanos a mi aprendizaje me dicen que si no apruebo un examen seré un inútil, un fracasado, nadie me querrá u otras cosas por el estilo, para que el miedo me haga estudiar, cuando llegue el examen y dude si he contestado bien una pregunta, por lo que me podrían suspender, el cerebro gracias a su imaginación, generará un miedo imaginario basado en todos esos esquemas mentales y pensamientos que le habían enseñado: seré un inútil, un fracasado,… Y ese miedo es una emoción que está basada en un estímulo imaginario, totalmente virtual, en relación con un suceso, un posible suspenso, que todavía no ha sucedido pero que yo experimento como real, como si en ese mismo instante ya estuviese suspendido. Mi cerebro ahora acaba de montar una película de una realidad que yo me estoy creyendo por completo pero que es totalmente falsa, porque todavía ni siquiera acabo de terminar el examen. Ahora nos encontramos con dos realidades diferentes, una la realidad más real del presente ya que me encuentro realizando un examen, y otra realidad, que está relacionada con el futuro con todo lo que me puede suceder en clave negativa si sucediese lo que me estoy imaginando, que me van a suspender porque he fallado en una pregunta.

La comparación de realidades

la comparación de realidades

¿Qué hace ahora el cerebro? Pues hace lo que está acostumbrado a hacer: comparar. Y se pone a comparar dos realidades diferentes la que está en el presente y la que está en el futuro, claro es imposible encontrar soluciones adecuadas a esta confrontación porque estamos comparando hechos del presente con ideales virtuales, estamos intentando comparar manzanas con seré un frustrado, opera con seré un inútil siguiendo el ejemplo anterior. Cuando comparamos esas realidades se genera un conflicto importante porque no son homogéneas, no estoy comparando manzanas con manzanas, estoy comparando una realidad del presente, en cierto aspecto más real, y una realidad de futuro ideal, un valor social que a mí me han enseñado. Y esa es la clave que nos dificulta la aceptación de la realidad tal como es, porque se entremezclan entre sí esas dos realidades que acabamos de exponer.

Por eso, para aceptar la realidad hay que tener claro, que el cerebro es capaz de crear una realidad virtual y aprender a diferenciar esas dos realidades la que tiene poco procesamiento, como el alimento que está solamente hecho al vapor, de aquella otra realidad que tiene mucho más procesamiento mental, como ese alimento más condimentado, con muchos más sabores pero que se aleja lógicamente, del sabor original.

Si ahora todo esto lo aplicamos a la actual situación del coronavirus y del confinamiento la estrategia inicial sería no comparar esta situación con otra situaciones ideales pasadas o futuras. Porque nuestra realidad actual es esa, el encierro en casa para evitar el contagio de una enfermedad. Aceptar una realidad requiere imprescindiblemente evitar la comparación con otras situaciones, y más aún si son favorables.

La práctica del mindfulness

la práctica del mindfulness

Nos ayuda primero a diferenciar estas dos realidades la virtual de la que se acerca más a los hechos concretos del aquí y del ahora, del presente inmediato. La técnica es muy sencilla, se trata de entrenar la conexión con el cuerpo y sus sentidos con el momento presente, por ejemplo estoy escuchando el canto de un gorrión, tal cual y pongo toda mi atención en el sonido, sin juzgarlo, o cuando mi atención está en la postura, como siento mi cuerpo; recibo toda la información tal cual es, con su sabor original. la atención plena en la información de cada uno de los sentidos nos conecta con la información más directa del presente.

Otro ejercicio que podemos realizar consiste en focalizar nuestra atención en la respiración y observar la mente, al poco tiempo comenzarán a aparecer pensamientos, o incluso emociones que nos llevarán la atención a ellos, la clave aquí está en darse cuenta de ese evento mental y volver una y otra vez con nuestra atención al hecho respiratorio.

Se trata, por tanto, de unirnos con la realidad del aquí y ahora, en nuestro caso actual es que estoy en casa aquí y ahora, y, lo acepto tal como es, sin luchar por cómo tendría que ser, sin comparar con el ideal de cómo debería ser. Sin juzgar. Sin luchar. Inténtalo y verás que es mucho más fácil de lo que podrías imaginarte.

La rumiación mental al aceptar la realidad tal como es y no como me gustaría o debería ser, cesa porque yo no hay un conflicto entre lo que es y lo que pienso que podría ser, me identifico más con el hecho presente que con una elucubración del futuro, y en consecuencia la emoción dolorosa, imaginaria del “cabreo” o del enfado porque no sucede lo que yo quiero o espero desaparece, lo mismo que desaparece la ansiedad por todo aquello que me podría suceder.

Ayurnamat. Segunda clave para sobrevivir al encierro por el coronavirus

ayurnamat. segunda clave para sobrevivir al encierro por el coronavirus.

Cuando comencé a diseñar este artículo, me puse a pensar en la asociación de estas dos palabras: sobrevivir y encierro; me preguntaba, qué seres humanos pueden vivir en circunstancias naturales de confinamiento durante mucho tiempo… Los esquimales fue la respuesta. Efectivamente, durante cientos de años los Inuit, que es su nombre correcto, han sobrevivido de forma autosuficiente a la larga noche ártica en circunstancias climatológicas increíbles. El término inuit significa “el pueblo” en el lenguaje inuktitut , así mismo, el singular de tal palabra en el mismo lenguaje es inuk, que denota “persona”. Al buscar referencia me encontré con un excelente programa de Luis Pancorbo (1) en donde escuché por primera vez la palabra Ayurnamat, a la que Luis Pancorbo traducía como “Así es la vida”. En nuestro contexto “Así es la vida” podría equivaler a “Así es la realidad” o “Esto es lo que hay”. ¡Qué magnífico ejemplo! de esta cultura experta en la supervivencia en unas condiciones límite, para resumir en una sola palabra toda una filosofía de vida:

Ayurnamat: La aceptación de las circunstancias que nos tocan como son, y no como deberían o me gustaría que fuesen.

Ayurnamat, además, conlleva una gran ventaja adaptativa desde el punto de vista psicológico, ya que al evitar el conflicto entre las dos realidades que hemos comentado en el apartado anterior, impide el gasto de energía mental que conllevan las múltiples emociones implicadas en esa guerra comparativa. Nos conduce a la paz, a la serenidad. Como muy bien señala Francesc Miralles (2) también, sobre el significado Ayurnamat este término, se podría definir como:

“No merece la pena preocuparse por las cosas que no podemos cambiar”.

Efectivamente, no tiene ningún sentido gastar una preciosa energía mental en emociones derivadas de nuestro rechazo a las circunstancias, que nos toca vivir.

Por eso, la práctica continua del mindfulness nos permite distinguir la realidad imaginada, virtual, de aquella otra que se acerca más a la verdadera, nos evita la confusión, el gasto inútil de nuestra preciosa energía mental, que ya no se centra en el conflicto de lo que debería de ser o de lo que me gustaría que fuese y nos prepara para una actuación eficaz y para una toma de decisiones acertada, que será el tema central de nuestro próximo artículo.

Referencias sobre cómo sobrellevar al encierro por el coronavirus: Aceptar la realidad como es.

1.- Luis Pancorbo.: Programa TVE2 Otros pueblos – Canadá, la primavera esquimal. Disponible en: https://youtu.be/OmHH_zEAOx8

2.- Francesc Miralles.: Consejos inuit para mejorar tu vida. País Semanal 08-03-20

Disponible en: https://elpais.com/elpais/2020/03/02/eps/1583148380_800866.html

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